El bolígrafo de gel verde (el decepcionante caso de...)


Erase que se era un joven informático llamado Eloy Moreno que trabajaba como funcionario en el ayuntamiento de Castellón. Un joven que escribía, en sus ratos libres, una novela. Dos años le llevó el empeño. Cuando la terminó, le puso por título El bolígrafo de gel verde y le dijo algo así como "cariño, me gustas mucho y me siento orgulloso de ti, eres lo mejor que he hecho hasta ahora y mereces ser publicada y leída". Pero entonces Eloy se imaginó a sí mismo enviando su manuscrito a una editorial tras otra, recibiendo una carta de rechazo tras otra, agotando tiempo y más tiempo entre la esperanza y el desengaño… con su obra sin ser leída ni publicada, y decidió que no, que a su novela no iba a pasarle eso, que no iba aquedarse para vestir santos olvidada en un cajón, amable pero firmemente desdeñada por editor tras editor. La publicaría él mismo y, además, se encargaría él mismo de su promoción y distribución. Así que dicho y hecho.
Bueno, hasta aquí Eloy podría haber sido mi héroe, como supongo que también podría haber sido el de algunos otros escritores.
La cuestión era que Eloy se negaba a participar en la fanfarria editorial. ¡Bravo, bravo, bravo! Se negaba, también, a enviar su obra a concursos literarios. ¡Más bravo! Nada de presentaciones en librerías o centros culturales. Solo boca-oreja y Facebook. Y no era un camino de rosas, no, para nada. Los libreros le ponían pegas, la mayoría se negaba a vender una novela autoeditada y distribuida (a golpe de maleta cargada de ejemplares y acarreada por el autor con ilusión y determinación) de aquella forma tan irregular, tan ajena a los cauces habituales de distribución. Pero un día, tras un año entero de peregrinaje, Eloy consiguió verla expuesta en los anaqueles de La casa del libro y de Fnac. Y no solo eso. ¡Sus amigos de Facebook acudían en tropel a encargarla a todas las librerías de España! El bolígrafo de gel verde se estaba convirtiendo en un fenómeno de ventas al margen del mundillo editorial.
Entonces empezó lo bueno (o lo malo, según se mire). ¿He dicho “fenómeno de ventas al margen del mundo editorial”? Eso no podía ignorarlo el todopoderoso grupo Planeta. Así que a través del sello Espasa se iniciaron los contactos con Eloy Moreno para convertir un sueño digno, precioso, esperanzador y encomiable en simple mercadería. Y aquí Eloy dejaría definitivamente de optar a ser mi héroe. Y lo siento por mí, no por él, que supongo que estará más contento que unas pascuas…
Sí, lo siento por mí, que me he quedado sin candidato a héroe, porque yo ahora me digo: Pues total, para terminar publicando en Planeta no hacía falta desafiar los cauces convencionales, ¿o sí…? Ahora su odisea me sabe a burdo truco de titiritero para llamar la atención. Para ese viaje no se necesitaban alforjas. Porque, ¡habría sido tan bonito demostrar al mundo que un libro puede difundirse sin deberle nada, nada, a los grandes grupos editoriales, sino solo a sus lectores! Demostrarlo y mantenerlo con coherencia, claro, que es lo realmente difícil.

(Nota: No he leído El bolígrafo de gel verde ni tengo previsto hacerlo. Se me han quitado las ganas.)   


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