¿2012?

Chow Li tiene 11 años y vive en el madrileño barrio de Lavapiés, en la parte trasera del bar de tapas, bocadillos y platos combinados que regenta su familia y que se llama El rinconcito de Lavapiés. La noche del 31 de diciembre de 2011 sus padres y su tía San atendieron en el bar a más gente de lo acostumbrado, sirviendo bocadillos, cervezas, cava y cubatas hasta altas horas de la madrugada. Por Nochevieja. Chow, que asiste a uno de los colegios públicos del barrio y habla castellano a la perfección (de hecho él es el traductor oficial de la familia), sabe que esa noche los españoles y la mayoría de los occidentales celebran la llegada de un nuevo año. Pero para Chow esa noche es una noche más, una noche cualquiera. A él lo que realmente le importa y le hace ilusión es confeccionar junto a sus padres, sus tíos, sus primos y el resto de la comunidad china de Lavapiés el enorme dragón de papel cartón multicolor que pasearán por las calles de Madrid el próximo 23 de enero (el día de la segunda luna nueva contada a partir del solsticio de invierno boreal), que es cuando dará comienzo el nuevo año chino, el 4710, que será, precisamente, el año de Chow, el año del dragón.

Esther Goldman, de 21 años, es una estudiante Erasmus de nacionalidad  holandesa que cursa estudios de Psicología en Salamanca. Durante el año 2011 ha celebrado dos entradas de año distintas y ninguna ha coincidido con el 31 de diciembre. La primera tuvo lugar con su familia en La Haya, del 28 al 30 de septiembre, durante el mes hebreo de thishrei (el mes de la creación), y con ella dio comienzo el año 5772. La segunda la celebró el 15 de diciembre en la plaza Mayor de Salamanca junto a numerosos condiscípulos, además de junto a un montón de estudiantes, curiosos y turistas llegados desde muchos puntos de España (más de 30.000 personas, según los organizadores). Al ritmo de las doce campanadas que marcaban el inicio de un nuevo día, todos los asistentes se llevaron a la boca doce gominolas con forma de uva. Fue una noche mágica. A su lado Abdul, compañero de curso, otro Erasmus como ella, un chico francés de origen marroquí procedente de Versalles, se atragantaba con las gominolas y le comentaba entre risas y besos con sabor a azúcar que él había celebrado también su propio año nuevo ―el 1433 después de la Hégira― no hacía ni un mes, concretamente el 26 de noviembre.

Pere Sasot cumple 76 años este 31 de diciembre y celebra en soledad los dos acontecimientos (el cumpleaños y la Nochevieja) por sexta vez consecutiva en su piso de la calle Aragó, en Barcelona. Sí, hace seis años que enviudó. A Azucena se la llevó en apenas cuatro meses un cáncer de tiroides con mal pronóstico y muy agresivo. No habían tenido hijos pero habían sido siempre un matrimonio feliz, cómplice y bien avenido. Por eso a Pere no le apetece pasar la Nochevieja “molestando” o “dando pena” en casa de los sobrinos. El 31 de diciembre siempre lo habían celebrado ellos dos de forma íntima, con un rito propio algo extravagante. Pere, que había sido librero y era hombre muy leído, le explicaba a su Azucena anécdotas curiosas acerca de los asuntos del calendario. ¿Sabes que en 1582 el papa Gregorio XIII se cargó diez días de un plumazo, decía, y que Santa Teresa de Jesús falleció ese año el jueves 4 de octubre y la enterraron al día siguiente, que fue viernes 15 de octubre? Pero lo más gordo del caso, seguía diciendo, es que los ingleses (a su bola, como siempre) no adoptaron ese calendario, el llamado gregoriano, hasta 1752, casi dos siglos más tarde, y no veas la de líos que se han organizado a lo largo de la Historia por ese asunto de fechas (incluyendo las de los fallecimientos de Shakespeare y de Cervantes), y que los cristianos ortodoxos (ya sabes, griegos, rumanos, rusos… eslavos) todavía no lo han adoptado. Y que encima, por culpa de un tal San Beda, tampoco existe el año cero y empezamos a contar a partir del año uno. O sea, que del 1 a.C. pasamos directamente al 1 d.C. También le decía: Imagínate, Azucena, que montamos en un avión el día de mi cumpleaños y nos lo pasamos volando de este a oeste o de oeste a este. ¿Cuántas Nocheviejas viviríamos, cuántos Años Nuevos? ¿Ganaríamos tiempo al tiempo, como Phileas Fogg y sus amigos, o lo perderíamos? En Nueva Zelanda ya es ayer y en México aún es mañana. Así que su rito consistía en dar doce brincos de derecha a izquierda a las doce de la noche y gritar al unísono: ¡Ayer! ¡Mañana! con cada brinco. Pere aún lo sigue haciendo. Él solo. El 31 de diciembre de 2010 se pegó un tozolón en pleno brinco y se rompió la cadera… Así que este año en lugar de brincar caminará unos pasitos y le dirá a Azucena con el pensamiento: ¿Sabes, Azu, que en las islas Samoa se han cargado de un plumazo el día 30 de diciembre? Han pasado del 29 al 31 por arte de birlibirloque… Por intereses comerciales, parece…Nada, nada, que quieren ser los primeros del planeta en celebrar el nuevo año y mi cumpleaños…

¿Y para qué este rollo, diréis? Pues muy sencillo. Para desearos a todos desde este blog que lo paséis lo mejor posible no en el 2012 (que total las fechas, como ya se ha visto…) sino en cada uno de los días de vuestra vida.



  

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